¿Pasas unos minutos escribiendo algunas palabras en Google Doc, y luego te quedas una cantidad vergonzosa de tiempo viendo videos en Youtube?, ¿Contestas un correo y luego agarras tu celular para revisar fotos en Instagram?

Entendemos que a pesar de tener una larga lista de pendientes, en ocasiones no nos es posible concentrarnos en nada y es frustrante. Sabemos que tenemos cosas que hacer y, sin embargo, esas inminentes fechas de entrega no son suficientes para concentrarnos.

¿Qué es lo que está pasando? ¿De dónde viene esa falta de concentración en el trabajo? Y más importante aún, ¿cómo podemos motivarnos para seguir concentrados?

A continuación, detallaremos algunas de las causas y posibles soluciones para que tu concentración durante el trabajo pueda ser la adecuada.

Causa #1: Estás muy cansado (y además matando neuronas)

Si eres de los que se la pasa bostezando en la oficina, se te nubla la vista o te sientes lento al caminar, y además estás pensando en tomarte esa tercera (bueno, cuarta) taza de café, pues tenemos noticias para ti: estás fatigado y eso es lo que está provocando la falta de concentración.

Un estudio realizado por la escuela de medicina de la Universidad de Pensilvania mostró que existe una correlación directa entre el insomnio y una función cognitiva deficiente (incluyendo la memoria de trabajo y la velocidad cognitiva). ¿Otra faceta que se ve realmente afectada? La atención vigilante y ejecutiva.

Eso significa que no dormir lo suficiente puede realmente sabotear tu concentración.

Y esto es todavía más aterrador, la falta continua de sueño puede destruir las células cerebrales. En un estudio publicado en la revista científica The Journal of Neuroscience, en el cual se privó de sueño a ratones, los investigadores descubrieron que las neuronas del locus cerúleo (nsLC) en los cerebros de los ratones (que juegan un papel esencial en la agudeza mental) empezaron a morir.

Estas neuronas estaban funcionando continuamente sin el descanso necesario, y poco a poco, se deterioraron, muriendo eventualmente. Los ratones perdieron un impresionante 25% de sus nsLC después de tres días durmiendo sólo entre 4 y 5 horas.

Los científicos trabajaron la hipótesis de que podría suceder lo mismo en el cerebro de los humanos. Así que, la falta de sueño puede literalmente matar tus células cerebrales. Con razón es tan difícil concentrarse cuando no duermes lo suficiente.

¿Y qué se puede hacer?

Tu instinto podría decirte que debes ir por una dosis de cafeína, pero eso solamente es una solución temporal.

En lugar de descansar tu cabeza en la mesa del escritorio, existen un par de cosas que puedes hacer para despertarte sin tener que echarte agua fría en la cara.

Una de las mejores opciones es salir a dar un paseo. No sólo hace que tu sangre fluya sino que también te expone a la luz natural. Una investigación publicada en la Revista Internacional de Avances en Ingeniería Química y Ciencias Biológicas, establece que la exposición a la luz del día mejora tu atención, así como tu rendimiento en el trabajo. Todo esto bajo medidas preventivas. Nunca salgas sin tu cubrebocas, al menos por el momento.

Otra opción es que, en lugar de ir directo a la cafetera, mejor vayas directo por un vaso de agua. El sueño es uno de los síntomas más comunes de la deshidratación crónica. Tal vez tomar agua es justo lo que necesitas para animarte de nuevo.

Ten presente que estas simples acciones pueden ayudarte cuando te sientas bloqueado a la mitad de la jornada de trabajo, pero no remplazan una noche completa de descanso.

Evalúa y ajusta tu horario para darte el tiempo de descansar las horas suficientes todas las noches (según la fundación nacional del sueño, deberías dormir entre siete y nueve horas) y puedas presentarte al trabajo sintiéndote alerta y con energía.

Causa #2: Todas las noticias son malas noticias (para tu concentración)

Siempre habrá distracciones en un día de trabajo normal, y no estamos hablando solamente de los colegas que pasan a verte para hablar o de las reuniones interminables que parten tu día.

Tienes una vida fuera del trabajo y es difícil dejar esos pendientes personales fuera de la oficina. Cuando están sucediendo eventos importantes fuera de ésta— sean buenos o malos— se vuelve cada vez más difícil mantenerlos al margen y hacer tu trabajo. Eso es porque tu estado emocional está estrechamente ligado a tu nivel de concentración.

Veamos los pros y los contras. Vamos a ser un cliché y empecemos por las malas noticias. Para hacerlo simple, las noticias negativas pueden tener un fuerte impacto en nuestro humor.

Ver noticias negativas puede generar que notes tus preocupaciones personales más complicadas y graves, entonces cuando empieces a encargarte de ellas, te resultará más difícil y estresante controlar esa preocupación.

Aunque lo anterior se refiere en particular a los noticieros, esto se puede aplicar a cualquier tipo de noticias negativas, como la noticia sobre la salud de un familiar. Eso te lleva a un estado que desploma tu humor, provocando la falta de atención en el trabajo.

¿Y entonces qué sucede cuando las noticias son buenas o emocionantes? ¿No deberían tener el efecto opuesto? Sí lo tienen, pero eso no es necesariamente algo bueno.

Cuando estás emocionado por algo, eso aumenta tu adrenalina. La adrenalina puede ser genial, pero cuando los niveles están demasiado altos, puede llevar a la ansiedad, lo que resulta en una disminución del rendimiento y la falta de atención.

A eso se le llama la ley de Yerkes-Dodson, que básicamente establece que existe una cantidad óptima de excitación en la que se sí se logra trabajar. Un evento demasiado emocionante te aleja de ese nivel óptimo y provoca la falta de atención.

Piénsalo de esta manera, si alguien te pidiera hacer un reporte importante justo después de decirte que obtuviste un ascenso, seguramente te sería muy difícil concentrarte. Tu energía y ese estado emocional amplificado hará que te sea casi imposible manejar incluso las tareas rutinarias.

¿Y qué se puede hacer?

Es un desafío mantener tus pensamientos y sentimientos a raya. Puedes intentar ignorar las noticias que te están dando vueltas en la cabeza, distrayéndote, pero es casi seguro que no lo lograrás.

En vez de esto, los expertos recomiendan determinar exactamente qué es lo que te está distrayendo y volver a centrarte concentrándote en algo más visceral, como tu respiración, por ejemplo. Las técnicas de mindfulness (o atención plena), se basan principalmente en la respiración, en enfocar nuestra atención a la sensación del aire al entrar y salir por nuestra nariz.

Sabemos que es casi imposible que dediques tiempo a realizar prácticas de meditación en el trabajo, pero este sencillo ejercicio ayudará a desviar de tu mente esas distracciones que no te permiten avanzar.

Nota: esto no es lo mismo que evitar a toda costa la distracción.

Tomarte esos minutos cambiará ligeramente tu humor o disminuirá tu adrenalina y podrás regresar a tu trabajo con una concentración renovada.

Causa #3: El que mucho abarca poco aprieta

Probablemente hayas escuchado que tu obsesión por hacer muchas tareas a la vez está saboteando tu productividad.

Seremos honestos: creemos firmemente en que hacer muchas cosas a la vez no es siempre algo malo. Sin embargo, cuando existe una falta de concentración, es una clara señal de que estás tratando de balancear demasiados platos a la vez.

¿Y qué tiene de malo todo este malabarismo? Aunque las personas trabajan más rápido cuando los interrumpen constantemente (como cuando estás haciendo muchas cosas a la vez), en realidad son menos productivas.

Y eso, ¿por qué es un problema? Esas personas sentían mayores niveles de frustración y estrés.

Y eso importa. Cuando te sientes estresado, esto es lo que sucede en tu cerebro: tu amígdala manda una señal de estrés al hipotálamo, que a su vez reacciona haciéndole saber a tu glándula adrenal que estás bajo mucha presión. Tu glándula adrenal responde —lo adivinaste— liberando adrenalina en tu torrente sanguíneo.

Demasiada adrenalina provoca mucha excitación, lo que dificulta la concentración y disminuye el rendimiento.

¿Y qué se puede hacer?

Aunque hacer muchas cosas a la vez es estresante, para muchos de nosotros es un hábito normal. Eso se debe a que nuestros cerebros son muy flexibles, lo que significa que literalmente “hemos entrenado nuestros cerebros a no concentrarse”.

Suena muy simple decirte a ti mismo que sólo te vas a enfocar en una cosa a la vez. Pero si alguna vez has intentado hacerlo, sabes lo complicado que puede llegar a ser.

Empieza por controlar las cosas a tu alrededor para crear un ambiente que te permita concentrarte en tu trabajo. Deja tu celular en otro cuarto. Cierra tu correo. Ponte audífonos para no escuchar el ruido de la oficina.

Luego, haz una lista de las tres tareas prioritarias para ese día. Esa lista te permitirá concentrarte en el panorama general y con suerte no te dejarás llevar en el último momento.

Finalmente, trata de dividir tu día en pequeñas partes. Puedes usar algo como la técnica Pomodoro (se basa en usar un temporizador para dividir el tiempo en intervalos individuales, llamados “pomodoros”, de 25 minutos de actividad, seguidos de 5 minutos de descanso, con pausas más largas cada cuatro pomodoros) o incluso un sistema respaldado por la ciencia en el que trabajas 52 minutos seguidos de 17 minutos de descanso.

Dividir el día en partes te da un sentido de urgencia, porque entonces ya sólo tienes un corto período de tiempo para hacer lo que puedas, en lugar de tener todo el día alargándose cada vez más. Además, los descansos te darán la oportunidad de tomarte un respiro y de concentrarte de nuevo cuando sea necesario.

Causa #4: Odias el tema en el que estás trabajando (y según la ciencia, eso te está provocando dolor)

Es una realidad que si no te emociona lo que tienes que hacer, seguramente vas a encontrar la manera de seguir posponiéndolo. Sabes que necesitas terminarlo, pero eso no evitará que pierdas el tiempo antes.

Tal vez prefieres dejar pasar el tiempo antes que llenar tu reporte mensual de gastos. O, tal vez continuar con ese proyecto importante hace que surjan sentimientos de inseguridad y te sientas incapaz de hacerlo.

Cualquiera que sea la circunstancia, sigues posponiendo esa tarea para no tener que experimentar esos sentimientos incómodos. Platicas con un colega. Vas de nuevo a la cafetera. Haces compras en línea. Revisas tus redes sociales. Acomodas tus papeles.

En este caso en particular, la culpable no es la falta de concentración, sino más bien, nuestra vieja conocida, la procrastinación.

¿Y qué se puede hacer?

Prepárate para un golpe de realidad: sólo necesitas empezar a trabajar duro y terminar lo que tienes que hacer. De hecho, hazlo primero, antes de empezar los otros pendientes de la lista.

¿Y de qué sirve hacerla primero? Sabrás que lo peor ya pasó. Todo lo demás en esa lista te dará risa en comparación, lo que significa que probablemente te sentirás más concentrado y motivado en lo que queda de tu día de trabajo.

Deja los nervios de lado y empieza a concentrarte

Existen un montón de causas de la falta de concentración. ¿Sientes que no encajas en ninguna de las categorías anteriores? Bueno, eso suele pasar.

En serio, algunos días simplemente no hay una razón o explicación del porqué no puedes hacer nada. Simplemente no tienes ganas (muy científico, ¿verdad?).

Estas son las buenas noticias: a menos que seas un cirujano o piloto comercial, tu lista de pendientes probablemente no sea cuestión de vida o muerte. Así que no seas demasiado duro contigo mismo, tómate un par de minutos, y haz tu mejor esfuerzo para tratar de concentrarte de nuevo.

Puede parecer una pérdida de tiempo, pero te podemos garantizar que eso es mucho más productivo que golpearte la cabeza contra el teclado o revisar tu Twitter por enésima vez en el día.

Te aseguramos que tu trabajo seguirá ahí después del descanso.

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